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Responsabilidad individual, confianza y metas comunes

En el baloncesto, al igual que ocurre en cualquier grupo de trabajo, los premios y reconocimientos individuales llevan implícita una carga de desconsideración hacia los valores de equipo y trabajo colectivo que, como entrenadores, debemos de saber o intentar gestionar.

Sin tus compañeros de viaje, de batallas, sólo serías alguien que lo intenta; ellos engrandecen tu esfuerzo y tú el de ellos. Obviar esto, o no llegar nunca a sentirlo, es quedarse en el primer peldaño de una gran escalera. Todos somos importantes y protagonistas. Subir todos juntos esa escalera es el único camino para la búsqueda de los máximos como grupo.

Si realmente deseamos alcanzar una meta, si hay una verdadera misión común, encontraremos la forma; si dudamos encontraremos la excusa.

En equipos fuertes, nadie se refugia en el colectivo; todos son importantes y protagonistas, con una enorme máxima: “RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL”. Sin esta responsabilidad individual verdadera, los grupos ante dificultades flaquean, dudan, pierden energía y los individuos se protegen del fracaso. Cuando eso sucede, el grupo se deshace, fracasa. Ninguno debe refugiarse en el grupo a la hora de asumir responsabilidades, pues de esta forma no está al nivel que necesita el equipo o que el equipo espera de él.

Para conseguir esa necesaria “responsabilidad individual”, es preciso que cada miembro esté comprometido con las metas comunes, sepa realmente cuales son sus funciones y sus objetivos para alcanzar dichas metas y, además, conozca las expectativas que el equipo crea para cada uno de los miembros que lo forman, es aquí donde nosotros como líderes del colectivo debemos de realizar  una de las tareas más importantes, enfocar a cada uno en su camino. De esta manera, asumiendo esa responsabilidad individual con mi cometido y actuando en consecuencia, estoy empujando y contagiando al resto en esa línea de actuación, y puedo presionar y exigir un mismo nivel de trabajo y compromiso. Es en este momento cuando la CONFIANZA es clave, en el sentido de llegar al punto de reconocer que cuando un miembro del grupo te presiona y exige, lo está haciendo porque se preocupa por el equipo. Alcanzar este nivel de madurez grupal no es sencillo.

La confianza es uno de los fundamentos del trabajo en grupo. Es quizás un componente crucial -sino el más decisivo- en la construcción de un equipo.

En ocasiones, como entrenadores y líderes del grupo, tenemos dificultades a la hora de responsabilizar a algunos jugadores o miembros del cuerpo técnico de determinados hechos y funciones, o bien porque son personas muy colaboradoras o bien porque podemos llegar a sentirnos intimidados por su agresividad social o por la importancia de su rol dentro del grupo. No es sencillo exigir responsabilidades; el primer paso para lograrlo es que nosotros como líderes y entrenadores seamos muy responsables con nuestra parte del trabajo y asumamos con humildad y naturalidad nuestros éxitos, y también con humildad y autocrítica nuestros errores o pequeños fracasos.

El PODER DEL GRUPO no se cuantifica, es ILIMITADO.

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