Archivos Mensuales: noviembre 2012

Bilbao Básket 2012-13: Sets para “post up” con exteriores y juego sin balón desde esa situación.

                Dentro de este apartado del blog quiero compartir algunas tendencias tácticas de ataque que cada temporada se instalan en nuestro baloncesto a través, sobre todo, de los equipos de la liga ACB. En esta ocasión, destacaremos a uno de los equipos que más insiste en generar ventajas desde el 1×1 en el poste medio con jugadores exteriores: el Bizkaia Bilbao Básket, que también es otro de los equipos que ha comenzado muy bien la temporada, con un balance hasta ahora de 6-2.

Existen otros equipos que utilizan este recurso táctico ofensivo, como por ejemplo el Cajasol, con el base Tomas Satoransky, el Real Madrid, con el alero Carlos Suárez, el F.C. Barcelona Regal, con Pete Mickeal, el C.B. Canarias, con Levi Rost, el Blusens Obradoiro, con el checo Pavel Pumprla, el Lagun Aro, con Qyntel Woods y el Estudiantes, con KirKsay sobre todo; pero es el Bizkaia Bilbao Básket el equipo que, quizás, más basa su juego en este aspecto táctico y más ventajas genera, llegando a jugar más situaciones de 1×1 de espaldas que los propios interiores del equipo. Pensemos que Fotis Katsikaris dispone de dos buenos exteriores para ello, Álex Mumbrú y  Roger Grimau (el segundo rotación del primero), pero que incluso llegan a compartir minutos en el campo, siendo así mayor la incertidumbre defensiva del rival en el momento de disminuir la producción ofensiva de este equipo a la hora de postear con ambos jugadores exteriores.

Entre ambos aportan casi 18 puntos por partido y generan de forma indirecta como mínimo 8 puntos más, gracias a las 4 asistencias que reparten entre los dos de media por encuentro. Además, reciben entre ambos cerca de 6 faltas por partido; dos jugadores, Mumbrú y Grimau, que la temporada pasada promediaron 75% y 85% respectivamente desde la línea de tiros libres. Particularmente, es una opción táctica que me gusta: tener el balón en las manos de un jugador que sea buen pasador con un buen 1×1 en ese espacio del campo te ayuda a controlar el ritmo del partido, te permite tener mejores opciones de rebote ofensivo y exigir mucho al arbitraje en temas de contactos, y defensivamente al rival, que se ve obligado a acudir al recurso de la falta. Parece ideal para finales de partido igualado. Si, además, nuestro equipo tiene un buen trabajo de “spacing” y de respuesta en juego sin balón a posibles defensas, estamos ante una situación ofensiva de mucha riqueza táctica a la hora de crear primeras, segundas y hasta terceras ventajas.

A continuación compartiré dos movimientos que utiliza el Bilbao Básket para buscar una ventaja con post-up de exterior de forma directa, y otro set en el que tiene esta situación como segunda opción, llegando a ella de forma indirecta. Por último, un cuarto clip de vídeo muestra las diferentes opciones de juego sin balón y “spacing” que tiene este equipo en su bagaje táctico ofensivo para el post-up con exteriores.

SET PARA POST UP DE EXTERIOR (I):

Es uno de los movimientos que más utilizan; se trata de un inicio con pick n’ roll del 3 al base con la opción de postear tras el roll, y un cross screen del 5 al 3 para intentar postear en el lado contrario, en función de  la decisión de pase del base tras el bloqueo directo. Tiene, por tanto, dos opciones de búsqueda del 1×1 de espaldas del exterior; la mayoría de las veces intentan jugar en el poste izquierdo del ataque, donde Mumbrú o Grimau son más eficaces.

 

SET PARA POST UP DE EXTERIOR (II):

Es un movimiento que ya jugaban la temporada pasada y que utilizan incluso como transición ofensiva para “llegar jugando”. Se trata de un “screen the screener” entre los dos jugadores exteriores y un interior,casi siempre un 5. La primera opción que buscan es meter con velocidad un balón en el poste medio al 3; como segunda opción está la salida del “screener” o bloqueador, Vasiliadis la mayoría de las veces o Pilepic, para tiro de 6,75. En caso de no poder tirar o sacar ventaja con rizo del indirecto proponen un bloqueo directo central. Como variante, tras el primer bloqueo indirecto entre exteriores, sacan al base de la esquina con indirectos tipo “stagger” para que sean Sizis o Raúl López los que jueguen el bloqueo directo central.

 

SET PARA POST UP DE EXTERIOR COMO SEGUNDA OPCIÓN (III).

Situación rápida de juego ofensivo para salida de un tirador (Vasiliadis) tras un bloqueo ciego y un bloqueo indirecto horizontal por línea de fondo con un “4” de pasador (Hervelle, Moerman o Rakovic si coincide con Hamilton en el campo). En caso de no conseguir una situación clara de ventaja en el indirecto, el “4” busca la segunda opción en el lado contrario de post up con el tres, tras intercambio posicional y movilizar la defensa de ayudas entre el 3 y el base.

JUEGO SIN BALÓN DESDE POST UP DE EXTERIOR (IV).

En este clip de vídeo, encontraremos tres respuestas diferentes de juego sin balón y “spacing” a una situación de post up de exterior, que más que depender del tipo de defensa, constituyen una toma de decisiones encadenadas y marcadas en función de la disposición de los jugadores ofensivos en el campo, en base sobre todo a dos criterios: características del pasador y características del jugador que en ese momento se encuentra en el poste alto. Los objetivos principales son: liberar espacio cercano al 1×1 del exterior dificultando el “colapse” y el trabajo de manos de los defensores cercanos, mejorar líneas de pase y aprovechar las características de los otros cuatro jugadores para la búsqueda de buenas segundas y terceras ventajas.

Valencia Básket 2012-13: Movimientos ofensivos para Bloqueo Directo central.

Tras siete jornadas disputadas en la Liga ACB, vamos a intentar destacar algunas situaciones tácticas que creo que sería bueno e interesante compartir. Uno de los equipos que mejor han comenzado la temporada es el Valencia Básket, con un balance de cinco victorias y sólo dos derrotas. En este post, vamos a compartir, concretamente, situaciones tácticas ofensivas que utiliza en Valencia Básket para generar ventajas a partir de Bloqueos Directos centrales.

A la hora de plantear la defensa del ataque del Valencia Básket, es preciso poner el acento en el trabajo defensivo de estas situaciones. La responsabilidad de generar ventajas en estos movimientos recae en sus exteriores Pau Ribas, Rafa Martínez, Markovic y Chris Quinn. Entre los cuatro aseguran para el equipo casi 37 puntos de media y más de 9 asistencias por partido. Ellos son los encargados de tomar las decisiones correctas y ejecutar en función de la respuesta defensiva colectiva del rival en el bloqueo directo central.

Compartiremos cuatro movimientos, que buscan generar ventajas en bloqueos directos al primer o segundo pase del ataque, con el segundo interior, generalmente un cuatro (Doellman y Dubljevic) en posiciones abiertas lejanas al aro (córner o 45º) para aprovechar su tiro exterior y su 1×1 contra recuperación defensiva. Los tres primeros sets tienen una característica común, tanto el bloqueador como el bloqueado llegan a la situación táctica de bloqueo directo en movimiento, dificultando la acción defensiva del defensor del bloqueador sobre todo.

SET PARA BLOQUEO DIRECTO CENTRAL (I):

Movimiento ofensivo de ritmo alto, que busca generar ventajas en un bloqueo directo central tras una situación de bloqueo indirecto en lado de ayuda. El segundo pívot, en este caso el 4, se encuentra en 45º y es el encargado de dar el pase. Una de las posibles ventajas tácticas colectivas, es que el base se sitúa en el córner, con lo que pensando en el trabajo defensivo del oponente para defender esta situación, sería el base rival el encargado de detener la continuación del pívot bloqueador en caso de defensas “agresivas” sobre el balón en la acción del bloqueo directo (show, 2×1, por ejemplo).

SET PARA BLOQUEO DIRECTO CENTRAL (II):

También se trata de un movimiento ofensivo de ritmo alto, al que llaman “Vueltas”, y que incluso utilizan como “second break” a modo de transición ofensiva para llegar jugando. Es una situación bastante habitual en el baloncesto moderno, utilizada por muchos equipos dentro de su estructura de juego de ataque. Lo inician desde el bote o desde una inversión por el poste alto, en función de la situación del  jugador que quieren que juegue el bloqueo. Lo realizan con velocidad, se trata básicamente de un bloqueo indirecto vertical más un bloqueo central. El segundo pívot en este movimiento de abre al córner tras bloquear indirecto.

SET PARA BLOQUEO DIRECTO CENTRAL (III):

Movimiento muy dinámico y con varias posibles ventajas, que consiste en dos “mano a mano” desde el bote en 7 mts para un bloqueo directo del 5, con el segundo pívot abierto en 45º, preparado para tiro, extra pass o 1×1 si le llega el balón, y para cortar al espacio y dificultar la defensa de ayudas si el bloqueador recibe en el poste bajo tras triángulo corto. Al igual que en los dos anteriores sets, el bloqueador y el bloqueado llegan en movimiento y velocidad a la acción de bloqueo. Contra defensas “agresivas” (show, 2×1) es muy importante generar ventajas desde el pase, un sólo bote es suficiente tras pasar la línea de bloqueo antes de pasar.

SET PARA BLOQUEO DIRECTO CENTRAL (IV):

A diferencia de los tres anteriores, esta situación llega al bloqueo directo tras una acción de “mano a mano” con el bloqueador. La misma situación la utiliza también el Estudiantes de Madrid esta temporada, y la idea es cada vez más empleada en equipos de Euroliga. Tiene bastante riqueza táctica la acción del mano a mano y dificulta la acción defensiva del defensor del bloqueador.

Construir un EQUIPO (II): “Afrontar los conflictos sin temor”.

               Llegados a este punto debemos señalar de nuevo que nunca nos encontraremos con una situación ideal. Cada jugador es una persona diferente, con un pasado, con unas experiencias previas y otros entrenadores, con una educación y una cultura deportiva que debe adaptarse al contexto que queremos para nuestro equipo. Lo ideal, irónicamente hablando, sería que cada jugador y miembro del equipo tuviese un código de barras con el que en pocos segundos pudiéramos conocer sus experiencias previas, sus frustraciones, sus éxitos y fracasos anteriores, su capacidad de trabajo, su nivel de autoestima y autoconfianza, su inteligencia emocional, su capacidad de adaptación…pero eso no es posible. Lo que sí es posible es que nosotros, con nuestras habilidades como entrenadores, sepamos sacar lo mejor de cada uno de ellos dentro de nuestro grupo de trabajo.

En el ámbito del baloncesto profesional, alcanzar ese nivel de confianza dentro del equipo es un reto. Pensemos que en muchas ocasiones partimos de una situación inicial de desconfianza o de “expectativa”. Para poder adaptarnos mejor a cada situación que pueda ir surgiendo es preciso aceptar las reglas del juego o los condicionantes del contexto en el que nos movemos. Al jugador y al entrenador le rodean muchos intereses que ellos mismos se han creado; intereses que empujan al individuo a defender su estatus y su prestigio personal, a valorar lo individual dentro de un deporte colectivo. Se trata de pensamientos disruptivos como: “si no meto puntos me van a echar del equipo”, “el entrenador no está contento conmigo, cada vez juego menos y no sé por qué, seguramente esté fuera del equipo en las próximas semanas”, “no puedo lesionarme, el año pasado otro compañero se lesionó y le rescindieron el contrato, no confío en que cumplan su compromiso”, “mi agente me acaba de decir que el entrenador no está contento conmigo, ¿por qué no me lo dice a mí?, ¿por qué no me dice lo que tengo que hacer?”…

Con todo esto, parece que tendremos mucho trabajo por delante para poder llegar a ese nivel de confianza necesario que nos permita alcanzar el máximo potencial como equipo.

Si no confiamos los unos en los otros nunca entablaremos conflictos, y seguiremos fomentando una sensación de armonía artificial. Debemos diferenciar entre tensiones internas, comentarios pasivos y sarcásticos y conflictos constructivos. Recordemos que los jugadores deben sentirse cómodos siendo vulnerables unos con otros para dejar de actuar deshonestamente por estrategia o por mantener cuotas de poder dentro del grupo; las exigencias del ego afloran en equipos con un nivel bajo de confianza, con jugadores que malgastan energía y tiempo controlando su conducta y sus interacciones con los demás, dentro y fuera de la cancha, buscando la autoprotección.

El problema es la falta de conflicto; la armonía será auténtica si es el resultado de trabajar los problemas y de resolver los conflictos de forma conjunta; pero si esa armonía sólo proviene de la represión de las opiniones e inquietudes por temor a estar expuesto y ser vulnerable, entonces estaremos en un camino poco aconsejable: no hay confianza y habrá temor al conflicto.

Hay que salir de esa falsa armonía y discutir eficientemente sobre el problema, para poder salir de él sin daños colaterales. En muchas ocasiones, en la falsa armonía, surgen frustraciones bajo la forma de comentarios sutiles o críticas,y otras veces eso no sucede, se mantienen controladas pero permanecen.

Todas las grandes relaciones que perduran en el tiempo requieren conflictos productivos para crecer. En la mayoría de las ocasiones, lamentablemente, el conflicto se trata como un tabú; gastamos mucho tiempo y energía tratando de evitar esos conflictos y, sin embargo, son esenciales en todo gran equipo.

Es preciso distinguir entre conflicto productivo y lucha destructiva y personal por el poder o el mantenimiento del estatus y la invulnerabilidad. El primero evita centrarse en cuestiones y ataques personales pero puede contar con muchas de las cualidades exteriores del conflicto interpersonal (pasión, emoción, frustración). Tanto es así que el observador externo (periodista, aficionado, directivo, familiar…) puede confundirlo con discordia improductiva, mal rollo, o problemas de vestuario: la desinformación empuja a la ignorancia a ser muy atrevida. Y también debemos de diferenciar los conflictos productivos de los generados por jugadores conflictivos: aquellos que por su nivel de frustración y características emocionales de falta de autocontrol están constantemente generando momentos destructivos.

Todos tenemos en mente situaciones de conflicto dentro de una cancha de juego o de un vestuario, en un día de partido o en sesiones de entrenamiento, de entrenador a jugador o viceversa, y de jugador a jugador. Si el nivel de confianza es alto, ese conflicto se asume como constructivo y necesario para crecer como equipo. Es preferible que los jugadores, que creen que algo podría mejorarse o a los que algo les parece mal, se expresen entre ellos directamente y mirándose a los ojos, dentro de unos límites de respeto. Este camino y esta forma de actuar indican que no tienen temor a ser vulnerables, que tienen confianza en el otro. Sin duda, esta actitud es preferible frente a otras como criticar a compañeros en pequeños grupos, desahogar frustraciones fuera del círculo de confianza que debería ser el vestuario (agente, directivos, amigos, periodistas, aficionados…), callarse y acumular pensamientos negativos y malestar para evitar conflictos o por cobardía y, en general, mantener una armonía ficticia.

Al hablar de conflictos, éstos pueden ser de cualquier índole, desde temas de relaciones interpersonales dentro del equipo, con la prensa, con la directiva, con la aplicación de los costes de romper una norma, a asuntos relacionados con aspectos del juego.

Veamos algunos ejemplos:

Pensamiento: “Mi entrenador me corrige de ese forma por que quiere lo mejor para mí y para el equipo, me quiere ayudar a mejorar, quiere que esté atento y quiere que mi nivel de exigencia sea superior, ya me lo ha demostrado”.

Pensamiento: “Mi compañero me recrimina que no he llegado a tiempo a una ayuda o que no he bloqueado el rebote, o que no le he visto sólo en una buena posición de tiro. No es agradable que te recriminen algo, pero confío en él y en nuestro sentimiento de equipo y sé que él no duda de mí. Puede que yo me haya equivocado o que él no esté acertado en lo que dice, pero los dos queremos lo mismo. Acción: “Puede que tengas razón. No volverá a pasar, intentaré subir mi nivel, ¡adelante, sigamos!.

De la misma forma, también resulta irónico que muchos jugadores y entrenadores evitemos el conflicto en favor de la armonía, porque el conflicto saludable, en realidad, ahorra tiempo. Los que evitan el conflicto se condenan a volver sobre los mismos problemas sin llegar nunca a resolverlos: solemos pedir a los jugadores que se hagan cargo de sus problemas fuera del equipo. Si tenemos un buen “ring” o espacio delimitado por las nuestras normas de equipo que han sido aceptadas y deben de ser respetadas, no debemos  temer que dentro de ese espacio surjan conflictos.

Como entrenadores, interrumpir prematuramente algún desacuerdo impide que se desarrollen capacidades adecuadas para tratar por sí mismos los conflictos; proteger excesivamente tensa mucho más las relaciones y, en ocasiones, deja a los jugadores a la espera de soluciones que nunca llegan.

Es clave demostrar tranquilidad cuando los jugadores se sumergen en un conflicto y permitir que la solución ocurra de forma natural; podemos llegar a pensar que no estamos haciendo nuestro trabajo si perdemos el control del equipo durante una situación conflictiva, pero si lo evitamos cuando es necesario y productivo estaremos aumentando ese temor al conflicto.

 Nosotros controlaremos el discurrir de cada conflicto (nunca debe de sobrepasar la barrera del respeto) y determinaremos cuándo los que están en pleno conflicto se están incomodando con el nivel de discordia, para interrumpirlo, recordando que es necesario para recuperar la confianza y poder continuar.

Los equipos que tienen miedo y evitan los conflictos productivos tienen momentos de grupo aburridos; se crea un ambiente en el que abunda la lucha de poder y los ataques personales a través de motes descalificativos, bromas pesadas, demasiado humor irónico…Se gasta mucha energía en fingir, en manejar el riesgo interpersonal, en disimular la incomodidad. En estos grupos se ignoran temas polémicos que son decisivos para el éxito del equipo y se desatienden las opiniones y perspectivas de los miembros menos “poderosos” del grupo; los egos afloran y sus exigencias serán una barrera difícil de superar para el espíritu colectivo.

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